sábado, julio 16, 2011

El sótano de juegos

Buenas días, Buenas tardes, Buenas noches... ¡¡Señoras y señores... con ustedes el cuento que no sacó ningún lugar en el concurso de La Gangsterera: I° Certamen Internacional de microrelatos...!!
Sip. En aquella ocasión el cuento debía presentarlo en menos de dos días y tener, contradictoriamente, una reducida extensión máxima; eso más una imagen en mi cabeza de un hombre caído sobre una escalera, una luz que solo parece iluminarlo a él... todo lo demás era negro como una gran viñeta de Frank Miller. Miré en detalle al sujeto y apareció su historia. Acá la tienen con unos puntos, tildes y cambios en un par de palabras que no vi antes de presionar "Enviar".
Que lo disfruten.

El sótano de juegos

Se derrumbó al inicio de la escalera. Acababa de cerrar la puerta y encender la luz cuya ampolleta sucia daba una iluminación enferma. Le dolía el hombro. Se palpó la herida de bala lamentándose:
-¡Me descubrió! Me descubrió ese perro loco... está rabioso ese perro... argh... Me disparó sin
dejarme dar explicaciones... Tenía una buena historia inventada -terminó diciendo en un susurro al ver como de la herida salía un chorrito de sangre que le seguía empapando la camisa y le bajaba por los pantalones.-. Ojalá que Perla haya seguido mi consejo y esté fuera de casa eso nos dará tiempo. Ahora solo debo esperar un rato para salir... ni se imaginan que he salido por una puerta y vuelto por otra...
Metió la mano en uno de los bolsillos y sujetó feliz una llave. Planeaba entrar a la oficina del jefe
y registrar su caja fuerte. Si no lo hacía ese día no tendría nunca la posibilidad de hacerlo. "Ellos deben andar buscándome lejos de aquí... Necesito taponear esta herida... antes de seguir. Aquí en este sótano debe haber algo". Miró hacía abajo y sólo estaban iluminados los escalones, el sótano estaba totalmente oscuro y recién ahí percibió el ronroneo de las máquinas y el olor a podredumbre. Llevaba dos meses trabajando allí y nunca lo visitó antes. Entró a trabajar para la Mole por el dato que le dio Perla, que trabajaba de garzona, indicándole que necesitaban un contable. Cuando entró le bastó una semana para darse cuenta que hacían lavado de dinero en el restaurante e inmediatamente se decidió quitarle todas las semanas una cantidad de dinero. Hoy día la Mole lo enfrentó y sin más le dio un tiró diciendo:
-¡Nadie juega conmigo! Y yo que te encontraba inteligente y eficiente.
Luego le pidió al Piojo que se lo llevará, en las escaleras que comunicaban con el segundo piso se soltó y arrancó.
Ahora se puso en pie y tuvo un vahído. Se sujetó con fuerza en la baranda y bajó con calma sintiendo una punzada de dolor a cada paso. Tenía un zumbido en los oídos, le molestaba el ruido y el apestoso olor. Al llegar abajo se afirmó del pilar y encendió la luz. A un lado había seis congeladores, uno de ellos apagado, en el otro lado dos sillas de madera muy resistentes tenían sangre seca. El hedor hizo que fuera a ver el congelador apagado.
Se asustó.
Allí encontró un cadáver mutilado. Comprendió lo que pasaba y fue a las escaleras. La cabeza le daba vueltas, subió cuatro escalones y cayó inconsciente.
Al despertar se descubrió amarrado en una silla. Frente a él estaba la Mole riéndose y en la otra silla amordazada y aterrada se encontraba Perla.
La Mole habló:
-Siempre dije que eras eficiente, solito viniste a mi sótano de juegos. Ya conoces a nuestro
amigo del congelador. Te dije “nadie juega conmigo”. Ahora verás como juego yo -y la cara que tenía al momento de decirlo hizo que el contable deseara estar muerto.-

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Y aunque no obtuve nada, les dejo el enlace de La Gansterera:
http://www.lagangsterera.com/

sábado, junio 18, 2011

Desconexión (cap.I)

Miguel corrió esquivando los automóviles desperdigados por la calle, estremeciéndose con los truenos, sintiendo la tensión en su cuerpo a punto de paralizar sus músculos con cada estallido de luz de los extraños rayos. Le dijeron que eso era una sensación post-trauma, para él eso era otra palabra más. El joven se adentraba en la ciudad dejando atrás a la patrulla de la que no podía separarse si quería asegurar su supervivencia, era lo único cierto que tenía luego de la “Desconexión”. Sabía que la inscripción en su casaca “QX -10” que indicaba el nombre de la patrulla y su número debería ser lo más significativo. Pero no lo era. Apenas su nombre significaba algo para él.

Miguel se apartó del grupo con un propósito en mente surgido al despertar aquella mañana, estaba teniendo acceso a recuerdos todavía incoherentes pero que le despertaban sentimientos. Sensaciones que en esas últimas horas de la tarde aún persistían. Eran las primeras imágenes claras de su mente fracturada. Esas imágenes y sentimientos de su pasado olvidado era lo que más le importaba y quería saber la razón.

Llegó a una esquina bloqueada con un par de camiones volcados. Se subió sobre la cabina del más cercano, apoyándose en un escombro y en un neumático. Se ajustó los toscos anteojos y tocó la herida fresca en su frente donde le insertaron un chip blanco. Miró los edificios a su alrededor tratando de coincidir y reconocer el lugar con una imagen recuperada. El cielo cargado de nubosidades escarlatas y el filtro verde de sus anteojos lo confundía. Aspiró el aire, sucio y cargado de humo por algunos incendios que nadie había controlado ni lo haría. A dos cuadras creyó reconocer un balcón de uno de los edificios hacia allí corrió tratando que los utensilios de su mochila no se golpearan.

Miguel no miraba el interior de los vehículos, que copaban en infinitas hileras las calles, para no pensar en los ocupantes ya convertidos en cadáveres, con los trozos de historia que fueron y que probablemente se relacionaron con él. Hasta el momento no pensaba en ellos como personas si no como portadores de información que a él le habría servido. Era más de lo que había pensado en ellos los días anteriores, en esos tres días no tomaba conciencia de nada. Hoy se esforzaba en recordar. Quería llevar sus pensamientos más allá de la "Desconexión", pero tenía tan pocas imágenes que solo recordaba la nada y luego estos últimos cuatro días con las historias relatadas que han usado para explicarles la situación actual de la humanidad.

Miguel recordó como el resto de la patrulla y él escucharon las historias embelesados en el sonido y las formas que creaban en su mente. El encanto de las palabras de una historia trágica como lo fue el fin de la humanidad y de su prosperidad que se diseñaba apoyada en la tecnología a nuestro servicio. Miguel era un reconectado y como tal se encontraba en un estado amnésico en el que no recordaba sobre si mismo pero sí sobre los objetos y sus usos. En las pruebas los Reconectados reaccionaban bien encadenando sucesos históricos por ello les contaron como se acabó la prosperidad y la humanidad cuando solo unos pocos habían descubierto que la tecnología nunca estuvo bajo nuestro control. Cuando se inspeccionaba la radiación de los teléfonos móviles se encontró un interesante patrón de micro-ondas presente en todo equipo electrónico que incluyera un chip, su manipulación provocaba estados de inconsciencia. Este fenómeno creó grupos de científicos alrededor del planeta interesados y colaborativos en investigarlo. En síntesis lo siguiente que hicieron fue reconocerlo y aislarlo. Pruebas independientes detectaron el patrón en los primeros chips, por lo tanto, año tras año nuestros cerebros recibieron ondas subhipnóticas de subyugación, potenciados por patrones imperceptibles al ojo en grupos de pixeles que se reproducían en los monitores. No se informó a la comunidad mundial pensando que era un proyecto no reconocido ni usado de la Guerra Fría, no se quería remover heridas ideológicas. Para cuando se descubrió su origen ya habían creado toscos anteojos que se potenciaban con chips blancos que hacían visibles las ondas y enviaban impulsos eléctricos al cerebro con ordenes contrarias. Fue mes y medio antes de la invasión que no sabían que ocurriría.

Miguel llegó a la entrada del edificio en el momento en que un rayo cayó a unas cuatro manzanas de su ubicación, esta vez el estallido lo paralizó y casi se cae al perder el equilibrio. Temblando empujó la puerta de la entrada. En el interior, por la escasa luz se veían los bordes de los muebles. Percibió un olor a comida que en su mente mostró una taza y una cuchara cayendo en ella, era un olor distinto y suave a los otros que eran materias en descomposición. Escuchó dos ladridos y el ruido de metales chocando, se detuvo preguntándose de dónde venía aquel ruido y al instante apareció un pequeño perro blanco sucio. En su hocico tenía unas manchas oscuras.

El perro le dio un gruñido y luego movió la cola. Una sensación de alegría bullió en el interior de Miguel, sin pensarlo, tomó al perro con sus dos manos y lo acercó a su cara. Se detuvo un poco antes al percibir el olor a descomposición en el hocico sucio del perro. Lo dejó en el suelo y le tocó aquella suciedad húmeda. También la tenía en sus patas. Miró alrededor y encontró un bulto caído al inicio de la escalera. Era el cuerpo de una mujer, con su cabeza rota y su rostro destrozado, a su alrededor una poza de sangre y cientos de huellas del perrito. Miguel comprendió inmediatamente lo que ocurrió con ella al ver que aún sostenía un teléfono móvil en su mano, del que salía una antena de televisión rota.

A todo el grupo de reconectados se les contó como la población mundial abandonó su rutina y muchos se quedaron temerosos en casa observando los noticieros que en cadena global mostraba la aparición de inmensos y brillantes platillos voladores alrededor de la luna. Muchos huyeron de las zonas pobladas. Y los grupos científicos que investigaban las ondas en los chips, con la primeras imágenes de los platillos, tuvieron la respuesta que necesitaban, validando la teoría conspirativa que hablaba de reciclaje de tecnología extraterrestre, se prepararon para lo peor. Eso los salvó de la Desconexión que ocurrió como un gran estallido de silencio y dejó apagado los cerebros de la humanidad.

Miguel se limpió la mano con la que tocó la suciedad en su pantalón, luego esquivó el cuerpo, del que nuevamente se alimentaba el perrito, y subió. Sintió que algo pasaba por alto, algo muy reciente. Subió con cautela, extrañó al grupo pero luego recordó que actuaba por un motivo particular. Llegó al tercer piso y, pese a la distorsión de los lentes y la penumbra del pasillo, el lugar le pareció muy familiar. No recordó que puerta abrir y decidió abrirlas todas. En el primer cuarto encontró un hombre de mediana edad que parecía dormir sobre el sofá frente al televisor. Le tomó el pulso, estaba vivo. Un acto reflejo hizo que se sacara su mochila para tomar del interior su pistola de descargas eléctricas. Desistió no estaba con su grupo, no sacaba nada con comenzar el “Procedimiento de Recuperación”, para ello necesitaba sus compañeros. Fue al dormitorio, a la cocina y al baño para ver si encontraba algo o a alguien. No fue así. Salió para entrar en el segundo departamento.

La puerta estaba abierta, el interior vacío. Quedaban pocas cosas y había un cartón blanco sobre la mesa, con un texto breve :“Nos fuimos. No queremos ser un blanco fácil.” Al salir se dio cuenta que por fuera la puerta tenía una equis dibujada en una esquina y al lado el número cero. Miró desde ahí la primera puerta y esta tenía la misma equis y el número uno.

La tercera puerta tenía la misma equis pero un lado había un uno y al otro un menos uno. Pensó un instante en que podría significar y la abrió a patadas. El interior le resultó familiar. Entró dejando entrecerrada la puerta dañada. La sala de estar, donde se destacó la repisa de libros y discos compactos, se mostró conocida a pesar del filtro verde de sus lentes y la escasa luz de la tarde de ese tóxico cielo nublado. Ese reconocimiento provocó un movimiento intenso en su interior, hizo que mirara todo con cuidado, temiendo que un vistazo rápido eliminara ese encanto que estaba empezando a sentir.

El par de imágenes a la que Miguel tuvo acceso aquella mañana mostraban, en una, el lugar que lo guió hasta aquí. Era la fachada del edificio iluminada con el sol de un plácido día de verano. En la otra imagen se veía abrazando feliz y satisfecho a un joven mujer. Esas sensaciones la placidez, la felicidad, la satisfacción lo empujaron a separarse de su grupo. El lugar, la mujer le hizo creer firmemente que podría encontrarse consigo mismo y su pasado. El comprender esa información adicional de que era verano el tiempo de la imagen, también le hizo creer que volvería a tenerlo todo.

Los objetos que miraba le causaban una serie de cosquilleos, acompañados por pequeños destellos y la idea de que tras ellos algo trataba de emerger. Con las fotografías era mayor, se acercó a una donde estaba con la joven mujer que vio en su recuerdo. La imagen capturaba el instante que él recordaba. Se la guardó en un bolsillo y fue a ver otra que lo dejó asustado.

En esa fotografía volvía a estar con la joven pero además tenían en sus brazos a un niño. Un destello mayor y doloroso. Recordó que estaba casado con la joven y que tenían un hijo. No pudo recordar los nombres. ¿Y si aún estaban ahí?

A él se le dijo que estaba solo, cerca del muelle donde estaba el laboratorio Eso permitió que fuera uno de los primeros reconectados del sector. ¿Pero y su familia?

Miró la sala abandonada. ¿Serían parte de la gente que huyó? Inquieto fue a revisar las habitaciones, algo le hizo ir por la que encontraría menos problemas, la cocina. Allí estaba la ventana abierta, algunos platos sucios en la mesa. Luego fue a los dormitorios y entró aterrado. Al lado de la desordenada cama matrimonial estaba la cuna. Se acercó con calma. Estaba vacía. En su recuerdo reciente su hijo tenía como un año y medio y las fotos en el velador mostraban a un niño alegre de esa edad. Tomó la fotografía y comenzó pensar en que debía hacer. Lo sacó de sus planes una breve explosión en la calle, fugazmente toda la habitación se iluminó con un relámpago multicolor. “Eviten sectores cercanos a los rayos, ellos andan cerca. Los usan para teletransportarse”, les dijeron al grupo en los primeros días.

Fue a la sala de estar y miró por la ventana. En la calle dentro de un círculo luminoso que se desvanecía estaban los invasores.

Un grupo de seis extrañas criaturas, moviéndose ordenadas. Tenían cuerpos casi humanoides. Sus cabezas eran como el de una hormiga gigante, pero bajo sus brazos tenían otro par de extremidades que tocaban el suelo. Uno de ellos era más grande y tosco, además vestía una especie de chaqueta larga con hombreras, este miró hacia donde estaba Miguel y todo el grupo sin acelerar el paso se dirigió a la entrada del edificio.

Miguel observó el dibujo de pequeñas ondas que se formó en sus lentes a cada paso que ellos dieron. Al perderlos de vista fue a la ventana abierta de la cocina y pensó en un plan de escapatoria, sujetándose en la cañería. Recordó que no revisó el baño. Pensó en el dibujo de la puerta y en su posible significado.

Corrió al baño. Su corazón dio un vuelco. Una joven mujer estaba tirada junto a la tina vestía jeans y un jersey. Era su esposa. Miguel se arrodilló a su lado, aún vivía, al mirar sus pupilas la reconoció como desconectada. Arrodillado a su lado la abrazó con fuerza y se preguntó cuál sería su nombre y cómo salvarla. Vio que las mangas de su jersey estaban arremangadas y lo asoció a que no quería mojarse y de un salto miró la tina. Tenía un poco de agua y unos juguetes de goma, pero su hijo no estaba. Luego pensaría mejor en ello en ese momento debía pensar en los invasores que entraron al edificio.

Le dio un beso a la frente de su esposa y la acomodó en el piso, colocando unas toallas tras su cabeza. Cerró la puerta del baño desde afuera y bloqueó la visión de la misma con la repisa de libros. Movió otros muebles para impedir el acceso.

Volvió a la cocina cuando en sus lentes mostraban pequeñas ondas que le indicaron que los invasores estaban ya en ese piso. Pasó la mitad del cuerpo por la ventana cuando vio en la mesa de la cocina una taza y recordó su pensamiento antes de subir las escaleras: olor a comida. Sintió olor a comida y un fuerte olor a café recién servido cuando el perrito lo distrajo. Alguien estaba vivo y no era parte del grupo. Debía investigarlo.

Logró bajar y se alejó corriendo. Recordó un cajero bancario a dos cuadras, decidió esconderse en ese lugar. Al llegar se escondió tras el cajero, su corazón latía con fuerza al unísono con la herida en su frente. Sentía miedo y no solo por él, también por su esposa por su hijo y por todos los desconectados.

Luego se dio cuenta que llegó al cajero porque lo recordaba. Hizo esfuerzos por recordar el nombre de su esposa, de su hijo y de él mismo y no tuvo resultados. Sin embargo, ya sabía donde pertenecía, rápidamente sabía el nombre de las calles de Valparaíso.

Previo a Desconexión cap. I

Después de mucho tiempo vuelvo a escribir aquí para contar que la siguiente entrada es el primer capítulo de una novela corta, en desarrollo, un working-progress on the web, del que quería haber creado un foro en particular para que los usuarios contaran historias paralelas a mis sucesos y para tal efecto usaran como margenes de la historia este primer capítulo. Sin embargo, para que no quedara sobrecargado hay detalles que no describo en profundidad y que haré en su momento. Si desean saber más detalles escríbanme.
Sobre esta historia comenté en su momento en las lsista de correo de Comunidad de Ciencia Ficción y Godmakers, y de este último lugar es gracias a Xavier vuelvo a ella, él me devolvió la idea y me pidió que la retomara.

martes, agosto 25, 2009

Para una historia de horror

Abro los ojos y solo hay oscuridad. Estoy acostado en una cama que al palpar siento que es de espuma húmeda. En la habitación hay un olor infame...
"¿Comida descompuesta?"
...Pregunta mi mente tratando de defenderme. Pero sé que es el olor de la carne en estado de putrefacción. Me doy vuelta para vomitar y encuentro la pared. Pringosa.
"¿Sangre?"
Mi mente ya no puede defenderme y de seguro tiene la idea correcta. No tengo un buen escenario posible.
"¿Cómo llegué aquí?"

lunes, agosto 17, 2009

Desde el tintero

En la entrada anterior no puse links de cuentos de DFW, de los que en inglés se pueden encontrar varios y en español sólo extractos (me refiero a la web), acá va uno que encontré llamado "En lo alto para siempre".
A Wallace lo considero un autor minimalista que sabe como sacarle provecho a una escena, describirla completa y provocar sensaciones. Sin olvidar su uso envidiable del lenguaje.

domingo, agosto 16, 2009

DFW está muerto

En la entrada anterior mencionaba que leí el libro "Lunar Park", en ese período escuché en la radio que recomendaban un libro titulado "Entrevista con hombres repulsivos" y "Hablemos de langostas" a propósito de la muerte de su autor... Y quedé sorprendido, no creí que David Foster Wallace hubiese muerto si era tan joven. Llegué a confirmar en la web y sí estaba muerto, él se había matado, esto fue en septiembre del año pasado. Lamenté su muerte, no lo conocía mucho sólo había leído "Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer" y su ironía y estilo (luego supe que era su estilo) de hacer crecer la historia con las notas al pie, me había gustado. Llegué a pensar que era un juego que Julio Cortázar hubiese elogiado. Mirando los obituarios hechos por amateur que encontré en diferentes blogs, fueron ampliando poco a poco datos de su obra que yo desconocía, como que su novela "La broma infinita" fue considerada como una de las mejores 100 novelas norteamericanas después de 1923, de que el mismo defendió (no se en que medios) a Carver y Cortázar... y que no tenía muy buenas palabras a Bret Easton Ellis, eran de la misma generación y considerba que Bret se estaba encasillando y perdiendo. Fue tanto el impacto que me provocó su muerte que escribí en mi cuaderno una pequeña historia para homenajearlo y despedirlo. Aquí la tienen.



DFW is Dead! (1)

Él con su nombre completo era un escritor famoso, ampliamente reconocido y alabado. Él como David, simplemente David, era un artesano cuyas creaciones, esos pequeños hijos creativos literarios, alababan y de paso lo alagaban a él, lo que hacía era crearle la sensación que tenía un traje muy grande que le incomodaba usar, porque no sabía como llenarlo, preguntándose que se esperaba de él cuando no era David Foster Wallace, cuando dejaba de ser esas tres palabras señaladoras de autoría. ¿Ser la voz de una generación? Él era un artista, un escritor, sólo ponía las cosas al descubierto, la voz era de los lectores (2), los aplausos se lo debían llevar ellos mismos. Pero un comentario así podía quitar validez a su obra y con ella la atención y cuando se es joven la atención se necesita, se busca porque eso permite la supervivencia entre el mar de creativos. Por ende, la opinión aquella sobre su propia obra se omite y se deja ensalzar, se acepta transformarse en un ser semi-mítico (3), un hombre en constante conexión con musas inspiradoras y reveladoras, cuando únicamente había que tener tiempo de mirar las cosas y eventos con perspectivas y escribirlas. Entonces sólo queda transformarse en un personaje más y vivirlo cada día.


¿Y qué sucede cuándo no se puede seguir representando el personaje? ¿Cuándo ya no se quiere la atención? ¿Cuándo ya no se quiere ser la voz de ninguna generación? ¿Cuándo el traje molesta e impide ser artista?


¿Y cuándo se piensa que la atención que se recibe bloquea la atención a lo que "importa"? (4)

¿Cómo fueron esos días finales de David Foster Wallace?


Tal vez (5) estaba exhausto, llevaba semanas cansado moviéndose como un poseído entre lugares y horarios rigurosamente señalados en su gorda agenda, de diseño día-por-página donde al azar asomaban pequeños post-it, el recordatorio del recordatorio, con horarios difíciles de cumplir, cito como ejemplo las sesiones de escritura matinal, se redujeron a tres horas para calzar las obligaciones siguientes, pero quien que es más fácil escribir en la mañana es porque es un ocioso que puede descansar completamente y su mente está allí frente la hoja en blanco y no extrañando las sabanas. Y esa tres horas, a pesar de las llamadas insistentes, aunque controladas, del editor (6) por trabajos sin terminar, debería reducirse, lo demostraba el inicio de clases en ese septiembre y las peticiones de distintas universidades. Situaciones que lo comenzaban a poner en stres.


Y David sabía que no sacaba nada con lamentarse, había personas en situaciones peores. Bastaba con ver que ocurría más allá de uno, por ejemplo en un pulcro paseo mirando las noticias en la televisión, y para no encontrarse con los desempleados en aumento, ni los accidentes ni asaltos cercanos (porque no dejan dormir y al otro día hay que moverse por esos mismos lugares), se podía hacer un recorrido por lo que ocurría en otros países, también la mirada pulcra de los noticieros, allí veríamos la foto de otro soldado muerto en Irak, la foto inmaculada, aquella con el traje oficial y él casi sonriendo; Y nuestro trabajo sería pensar en que tan despedazado quedó, en que pensarían sus familias, cuantas vidas alcanzó a eliminar, en cuantas vidas de inocentes, ojalá con tiros erráticos, alcanzó a matar. Y en los noticieros también vio los preparativos a la(s) ceremonia(s) por los muertos en las Torres Gemelas. Esas muertes de inocentes que día a día en Irak se trataba de igualar... No, tal vez sólo eran pequeños y constantes errores. Para David todas esas posibles historias comenzaban a existir, pero eran horrores que lo dejaban sin voz.

Karen, su esposa (7), le recordó al inicio de esa semana de la visita a sus padres y le preguntó si quería acompañarla. David, aun cuando no le gustó la respuesta, le dijo que no podía porque estaba atrasado y quería tener algo para calmar la ansiedad de los editores.


-¿Me quedo contigo, mejor?

-No, querida, ve. Tu padre debe tener una ruta de paseo (8), y de seguro compró la indumentaria que tu necesitas. Y tu madre querrá hablar contigo de los nietos que aún no les damos.


-Ella sabe de mis proyectos, los comparte... pero, bueno no pierde la esperanza... -Se rió- Me acuerdo de la sutileza con la que quiso poner el tema la última vez. Te echaran de menos, pero yo soy la que te va extrañar más -dijo dándole un abrazo y poniendo un beso en los labios de David. Y él quedó mudo y solo pudo devolver el beso.

Por su mente pasó la súbita idea de terminar todo. Estaría solo por tres días y podría poner el punto final. Ya era demasiado todo. El dolor era insoportable. David tenía un dolor en el alma y estaba cansado de fingir sonrisas, y de mostrarse como esperaban que fuera.

La visita de Karen a sus padres mostraba que ese amor que ellos sentían por su esposa todavía estaba allí existiendo y que no le abandonarían. En cambio por el amor que él sentía sabía que poco a poco terminaría siendo una carga para ella y que obstaculizaría cada proyecto que ella tuviera. Sabía quería ser madre luego que terminara sus proyectos familiares, pero él no se sentía buena persona y que eso afectaría su rol de padre. Nunca podría cumplir bien ese rol.


Cuando estuvo frente a la página en blanco ese día comenzó a pensar en como terminar la historia de su vida, preguntándose como acabaría con ella. Por mucho tiempo lo había pensado y pensaba que lo mejor era desaparecer, desvanecerse sin dejar rastros, pero no sabía como lograrlo.


-¿Cómo se logra la auto combustión espontánea? (9)


Pero seguir pensando en eso era postergar lo inevitable. Aun cuando le molestara el tema del esfínter (10).
Durante los siguiente días reunió lo materiales y el valor, aunque esto era ensimismamiento producto de una decisión tan fuerte.

Así cuando se despidió de Karen al mediodía del jueves (11) comenzó a seguir lo que había ideado para terminar con su vida.

A las dos horas se decidió por ir a una ferretería en el centro de la ciudad, fue a una donde la arquitectura inmensa albergaba pasillos y pasillos con variedades de diversos artículos repetidos en tamaños, medidas y colores, incluso las cuerdas que es lo que él buscaba.


-¿Necesita ayuda, señor? -le pregunto solicita una muchacha joven, prácticamente una niña, que lucía una sonrisa amplia, y lo más seguro falsa por ser ensayada.


- No. Sólo busco una cuerda...
-¿Para que lo quiere? "Para matarme", pensó en responder... "Para matarme, Sasha". Ese era el que figuraba en la plaquita que ella llevaba.

-Para decidir debe saber el propósito -añadió Sasha. -Para... atar un animal moribundo... atar mi san bernardo en el jardín, está moribundo. Un accidente le dejo una herida abierta... está putrefacta, gangrena. Se va a morir. Los gusanos se lo están comiendo vivo.

Sasha puso una cara de asco y le sugirió, ya con el rostro pálido, una en especial. Se disculpó y se fue descompuesta, tapándose la boca. David eligió otra más gruesa (12), blanca y pintas rojas.


Llegó a su casa y otras dos horas pasaron mientras se decidía a colgar la cuerda (13). El teléfono sonó en tres ocasiones y el contestador grabó los mensajes que él escuchó con indiferencia. El primero y el último eran de la universidad preguntando qué le había sucedido, por qué no fue durante la tarde. La segunda llamada era del editor.


David se decidió por colgarla en el baño. Antes miró la sala de estar donde en una fiesta años atrás , uno de sus alumnos, una promesa que aun lo seguía siendo, se balanceó en la lámpara. Prueba que resistía su peso, pero se decidió por el baño lugar de limpieza y en el que dejábamos nuestros desechos.


Antes de quitarse la vida defecó en el baño y se dio un baño rápido con agua tibia en la ducha, no quería estar sucio ya era suficiente con el esfínter al que esperaba reducir su presencia. Mientras el agua tibia relajaba su cuerpo recordó los años que llevó a cuestas a depresión, la casi mitad de su vida que recibió medicación contra ella, convirtiéndose en un animal adiestrado que respondía al látigo hecho píldoras. Píldoras para relajar, para dormir, píldoras para desperezarse, para prestar atención (píldoras que anulaban tu virilidad y píldoras que las recuperaban), píldoras para controlar el apetito, píldoras... todo era píldoras. Todo. Y aquella vida que no soportabas dejaba de estar allí, porque tú tampoco estabas allí. El mundo aterrador desparecía, todo desaparecía a esa falta de sensibilidad que obtenías; El mundo aterrador no se convertía en acogedor, gracias a las píldoras ya no había mundo.


Cuando regresó al baño vistiendo su traje que usaba para los eventos a los que era invitado y llevando una silla, pensó en que el mundo lo arrolló mientras estuvo medicado, que le dejó una herida abierta y que ahora notaba putrefacta. Se subió a la silla, puso la cuerda alrededor de su cuello, miró el extremo amarrado en la base que quedaba del ventilador del techo (14), palpó sus bolsillos y una solitaria lágrima cayó por su rostro al sentir la carta dirigida a su mujer que tenía escrita hace dos años: "Karen, gracias por tu compañía y por los buenos momentos que no supe transformar en mejores. Tu vida te pertenece y sé que cuando yo sea un tenue recuerdo tú habrás encontrado la completa felicidad", decía en un párrafo. Un llanto quiso salir en el momento que empujaba la silla, pero fue atrapado con la cuerda que se apretó en su cuello y que se llevó su vida.-

- - -

(1) Esta es una ficción de lo que creo sentía y fueron los últimos días de DFW.

(2) Es un hecho contradictorio y sin control, el escritor pone una idea y el lector ve otras allí por una hiper-vinculación (múltiples conexiones a un dato) de información y nace su propia reflexión. (3) Sí, suena mal esa palabra.
(4) ¿Y si él era el bosque que impedía ver los árboles?
(5) Y comienzo a inventar.
(6) El editor debía recibir llamadas descontroladas, filtrarlas, suavizarlas y hacerlos llegar en cándidos y continuos mensajes.
(7) Ella mantenía su apellido de soltera por una opinión progresista de ver la vida, que compartía DFW y que a este además le agradaba ese gesto de libertad e independencia.

(8) El viejo Malcom Green está jubilado y ocupaba su tiempo en continuos paseos que le permitieran introducirse y empaparse de la naturaleza.

(9) El había leído sobre la altas temperaturas que se alcanza de modo inexplicable en este fenómeno para consumir el cuerpo. Tratados científicos, doctos y densos que lo desanimaron y que si los hubiese leído Dickens también habría dejado de pensar en ello.

(10) Otra cosa que leyó y que le quitaba el aura romántica al suicidio era eso: la falta de control de aquellos residuos excrementales que terminaban por ensuciar el cuerpo y el rito.
(11) Ella conduciría por tres horas y salir a una hora temprana de la tarde le permitiría evitar el horario punta.

(12) Una que soportara su cuerpo, del grosor del dedo pulgar que le costó 30 dolares y que pagó al contado.
(13) A pesar que la decisión ya la tenía visitó cada uno de los cuartos de la casa pensando el significado que otros darían a esa elección.

(14) Recordó que el antiguo ventilador se había llevado a reparar y nunca se fue a buscar y se preguntó si alguien lo iría a buscar.-

sábado, julio 25, 2009

Libros leídos: "Lunar Park"

También me he dado de leer aunque no con la misma compulsión de años anteriores donde trataba de leer un libro distinto cada semana o como máximo dos semanas.
Uno de los libros que leí lleva por título "Lunar Park" y es de Bret Easton Ellis. Éste autor es capaz de recibir atención y rechazo con la misma facilidad que ponemos el amor y odio en una balanza, se dio a conocer como autor de la llamada Generation X, mostrando a jóvenes ricos gastando plata y perdiéndose en drogas, fiestas y escenas de ambigüedad sexual en sus novelas "Menos que cero", "Las leyes de la atracción" y se hizo mundialmente famoso cuando se hizo la película de su libro "American Psycho", con el yuppie y asesino serial Patrick Bateman.
En "Lunar Park", nos muestra a un Bret Easton Ellis muy parecido a él , con un pasado en producción literaria igual a él, tocando fondo igual que él, o suponemos como también lo hacemos al pensar que el pasado familiar que muestra es ficción, una ficción muy parecida a la realidad, digamos. Y nos sumerge a un presente en el que está marcada la distancia padre e hijos y la autodestrucción de él mismo.
Llegué a la novela por algunos comentarios que la alababan y otros que la ponían como empapada de Stephen King e intrigado por ello me dispuse a leerla, luego de encontrármela como saldos en un par de lugares de ventas de libros.
El toque fantástico comienza cuando ve el mismo vehículo que conducía su padre y cuando en una fiesta de disfraces se presenta alguien muy bien caracterizado de Patrick Bateman... sólo que no está caracterizado
(como en Dark Half)
y en los días sucesivos comienzas muertes como las muertes que describía en "American Psycho".
Principalmente es una novela de relación padre e hijos, luego vemos como pone el dedo en la llaga de la sociedad burgués y éxitosista de la que él comparte su vida, junto a su mujer e hijos, van además otros argumentos que se cruzan. Y otro de esos argumentos es el siniestro.
La novela está bien estructurada mostrando lo que había oído de él casi al final, me refiero al uso de frases cortas que sirven para dar ritmo en este caso. Y también vemos lo otro, el gusto de mostrar ciertos temas que causan estupor o rechazo o morbo, como alguien que sabe que botones apretar para polemizar.
Por lo tanto, "Lunar Park" muy recomendable.

jueves, julio 16, 2009

Rutinas y un paseo dominical

Rutinas

"Soy yo y mis circuntacias" ¿Y esas circunstancias son rutinas? ¿Necesitamos de rutinas para armar nuestro universo? Me pregunto en una salida que hice ayer con mi hijo, ya que él me pidió que hicieramos el recorrido que hacemos normalmente y yo no podía porque dbía irme a trabajar. El me entendió y solo hizo un gesto de molestia.
El paseo ya lo hemos hecho desde hace como un año e hice una entrada en mi Blog Off Line en aquella ocasión. Transcribo lo que pasó:

Una salida dominical

Mi hijo me pidió salir a la calle en esa tarde bucólica de domingo, de un cielo limpio y con un sol distante. Los sonidos a lo lejos nos llegaban con letargo, y él debe haber sido atraído por los gritos de los niños jugando.
Al salir me convenció de ir a la escalera, dicho en grande y elástico: "EES-CA-LE-ERAA". Entendí que su deseo era instaurar una rutina con un pequeño paseo que hicimos semanas atrás, quería rodear el cerro subiendo los muchos tramos de escaleras que hay (desde escaleras con adoquines hasta de cemento con coloridas barreras de hierro.
Fuimos. A ratos retrocedimos y avanzamos por estar insertos en el juego e mi hijo que desarrollaba escalón por escalón: El del "Cohete", "Winnie y Tigger". Él era el dinámico tigre y yo el somnoliento Winnie que debía hablarle imitando la voz de aquel oso.
Al terminar las escaleras, prácticamente, quedamos frente a un Almacén de donde me pidió le comprara jugo y chocolates (otro segmento de la rutina).
Regresamos por otro lado donde la larga escalinata le cansó de solo verla y me pidió los brazos. Íbamos en la mitad cuando vimos a una señora gorda e hinchada (tal vez por un problema renal o de diabetes, pensé), que caminaba a pasos cortos sujetándose en el cable tensor de un poste de luz. Ella nos dice algo que en principió asocié a un reclamo y luego comprendo que se dirige a mi hijo a quien le dice:
-Me viniste a ver, Naro. Viniste -su voz era parte de un quejido y sus ojos pequeños los vi triste. Mi hijo me pregunta que pasa cuando ella agrega...
-No es... ¿No? -su quejido es mayor.
...¿qué responderle a mi hijo?
-Esperaba a otra persona -le digo y la vida de la mujer la imagino en unas cuantas imágenes, viendo sus días solitarios. La veo en su sal a de estar quedándose dormida en un sillón frente al televisor encendido. Las paredes llenas de fotografías, cuadros y láminas de santos. Fotos en blanco y negro y otras a color de algún paseo lejano en el tiempo; cuadro de casitas solitarias en medio del bosque; la lámina de San Expedito rodeada de pequeñas imágenes del Padre Hurtado y San Sebastian.
-Esperaba a otro niño -le digo a mi hijo-. Saludala, dile "Hola, señora".
-¡Hola, señora! -dice mi hijo moviendo la mano.
-¡Oh! Hola -dice ella. Una sonrisa se aparece en su rostro adolorido. Y cambia al instante cando un perro de una casa vecina comienza a ladrar. Ella se vuelve al perro y le grita y yo sigo bajando con mi hijo para llegar a auna casa opuesta a la que imagino de ella. Dónde olvidaré la tristesa de su rostro y la soledad que le acompañaba, a la espera de visitas de que no llegan. Pero no lo olvido.-